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Lectura del día


La Eucaristia Pascua de Cristo PDF Imprimir E-mail
"LA EUCARISTIA: PASCUA DE CRISTO"

Al celebrar la misa, la Pascua se hace presente en cada comunidad establecida como Iglesia, en la unidad de los miembros por la acción santificadora de su cabeza, Cristo. El Concilio Vaticano II nos dice que el sacrificio Eucarístico edifica el Cuerpo de la Iglesia (LG 17); y también señala que por medio de El vive y crece la Iglesia (LG 26). Todo esto se realiza en las comunidades locales; es lo que llama el Nuevo Testamento: Iglesia, Asamblea de los que celebran el misterio de la Cena del Señor y por el Cuerpo y la Sangre de Cristo y que se unen, de hecho, en un mismo modo.

Con toda razón la Lumen Gentium II (Constitución sobre la Iglesia) señala:

Todos los que en la Santa Asamblea local se alimentan del Cuerpo de Cristo, muestran en concreto la unidad del pueblo de Dios que es producida y significada por este Sacramento.

En el decreto sobre la vida y ministerio de los Presbíteros núm. 6 subraya:

Ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la Santísima Eucaristía por la que debe, consiguientemente comenzarse toda educación en el espíritu de la comunidad. Esta celebración para ser sincera y plena debe conducir tanto a las varias obras de caridad y a la mutua ayuda, como a la acción misional y a las varias formas de testimonio cristiano.

Por eso la ordenación general del Misal Romano reclama el antiguo término que indica la misa: "Fracción del Pan", pues el gesto de romper el pan tiene un gran significado, ya que rompe un único pan, para llevar en la unidad de la Iglesia que es Cuerpo de Cristo a todos aquellos que comen de aquel único pan (48,3; 56 C; 283).

En estas indicaciones de la Ordenación General se fija casi exclusivamente en la comunidad local aunque describa la misa como una asamblea reunida en la celebración del memorial del Señor.

La Ordenación General califica a la Eucaristía como sacrificio de la Iglesia. La misa instituida por Cristo como Sacrificio Pascual Eucarístico (48,2). Para ser ofrecido como memorial de su pasión, muerte y resurrección a la Iglesia, su esposa.

Por eso se habla también de la oferta de nosotros mismos (55 F y 62); en el 55 F dice así:

La Iglesia pretende que los fieles no solo ofrezcan la hostia inmaculada sino que aprendan a ofrecerse a sí mismos y que día a día perfeccionen por la mediación de Cristo la unidad con Dios y entre sí de modo que se realice por fin aquello de Dios en todo y en todos.

La asamblea Litúrgica es decir la misa, es pues activa y dinámica con la fuerza, la alegría y el dinamismo que le confiere el Espíritu Santo con sus carismas. La presencia del Espíritu es vínculo de unidad, cataliza la comunicación tanto horizontal entre los miembros de la Asamblea, como vertical entre Dios y su pueblo. El grupo reunido deja de ser un público anónimo; suma de personas yuxtapuestas, y se transforma en comunidad personal.

A través de las características de la asamblea Litúrgica percibimos el reflejo de las notas de la Iglesia.

El deseo de la Iglesia es que participemos en la misa de un modo inteligente y activo, que manifestemos nuestra unión con Cristo y entre nosotros con nuestras respuestas, cantos, actitudes, escucha de la palabra, etc., porque no es una ceremonia más en nuestra vida, sino el reflejo de una resolución para vivir un testimonio cristiano con la fuerza de la Pascua de Cristo; para destruir todo lo que se opone a nuestra unión con Dios, para desarrollar todo lo que profundiza esta unión; que sea para realizar nuestra caridad, nuestra consagración a Dios y a nuestros hermanos, por lo tanto la misma es una transformación de nuestra persona y de nuestra Iglesia local.

La Eucaristía nos pide no que seamos espectadores y beneficiarios inertes; nos exige que participemos, que nos unamos al sacrificio, que nos ofrezcamos con Cristo, que nos inmolemos con él y nos incorporemos a él por la comunión. Si de otro modo fuera, no tendríamos necesidad de participar en la Eucaristía, sería inútil celebrarla.

 

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